Hombre solo mundo judith - 11373

Su pasión es quebrar retos insospechados. Su bandera, concienciar a la reticente sociedad española e internacional acerca de la igualdad de la mujer respecto al hombre. Mientras habla con El Café Diario desde Madrid, sonríe distendida. Contra todo prejuicio, no inhibe. Lo suyo es reinventarse y vivir para contarlo. Luego, que me apoden como quieran.

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Construye mesas y sillas utilizando como referencia métrica su propio brazo largo y delgado. Dan Miller, un joven autista, traza líneas que se repiten una y otra vez, como el ganancia de una obsesión. Sentada frente a una larga mesa, una mujer diminuta con un original sombrero trenza y anuda telas en una singular bombón a la que envuelve de tiempo en cuando con sus brazos. Es Judith Scott, una de las artistas de este centro de arte californiano, fabricando sus enmarañadas piezas de bramante o lana. Ella, como Dan, Donald o Carl, encontró en esta academia para adultos con discapacidades físicas o mentales un camino para su elocución artística. Vestida con colores chillones, tocada siempre con extravagantes sombreros y cheat largos collares de cuentas, Judith Scott pudo haber sido uno de los personajes solitarios y silenciosos creados por el escritor Samuel Beckett. Ahora, su singular historia como artista ha sido llevada al cine por Lola Barricada e Iñaki Peñafiel. La sombra de Judith persiguió a Joyce toda su vida. El nacimiento de ambas mostró enseguida las diferencias.

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